Cuando pensamos en «yoga», solemos imaginar posturas físicas. Pero en su sentido original, el yoga es mucho más amplio: un camino completo hacia la unión interior. Hace unos dos mil años, el sabio Patanjali lo sistematizó en sus Yoga Sutras como una senda de ocho pasos o «ramas» —en sánscrito, ashtanga: ashta (ocho) y anga (miembro)—.
Este artículo recorre esos ocho pasos de forma sencilla, de lo externo a lo interno, y muestra dónde encaja el Kriya Yoga dentro de este mapa milenario. No es un tratado técnico, sino una panorámica clara para orientarse.
Un camino, no una escalera rígida
Antes de empezar, un matiz. Los ocho pasos suelen presentarse en orden, y hay una lógica en ello: van de lo más externo (la conducta, el cuerpo) a lo más interno (la mente, la conciencia). Pero no son peldaños que se suben uno y se abandona: se cultivan de manera entrelazada, sosteniéndose entre sí a lo largo de toda la vida.

1. Yama — la ética hacia los demás
El primer paso, yama, es el fundamento ético: cómo nos relacionamos con el mundo. Incluye principios como la no violencia (ahimsa), la veracidad (satya) y la honestidad. No es moralismo, sino reconocer que la vida interior no florece sobre una conducta desordenada. La paz de la meditación tiene raíces en cómo tratamos a los demás.
2. Niyama — la ética hacia uno mismo
Niyama mira hacia dentro: la disciplina personal. Incluye la pureza (saucha), el contentamiento (santosha), la autodisciplina y la entrega a lo sagrado. Es el cultivo de una vida interior ordenada y serena, que prepara el terreno para la práctica más honda.
3. Asana — la postura estable
Asana es la postura. Aquí conviene deshacer un malentendido: en los Yoga Sutras, asana no alude a la gimnasia de posturas complejas que hoy asociamos con el yoga, sino a una postura estable y cómoda que permita sentarse en quietud, sin que el cuerpo distraiga. Su fin no es el rendimiento físico, sino sostener la meditación. Para empezar a meditar, basta una postura digna y erguida, como explicamos en cómo empezar a meditar.
4. Pranayama — la regulación del aliento
Pranayama es el trabajo con la respiración y la energía vital (prana). En el nivel introductorio, se relaciona con observar y serenar el aliento, reconociendo el vínculo íntimo entre respiración y mente: cuando una se calma, la otra la acompaña.
Aquí es importante una nota de prudencia: las técnicas específicas de pranayama, sus retenciones y proporciones, pertenecen a la enseñanza que se recibe de un guía autorizado, no a un tutorial público. Se mencionan aquí como parte del mapa, no como instrucción para practicar por cuenta propia.
5. Pratyahara — el recogimiento de los sentidos
Pratyahara es el arte de recoger los sentidos hacia dentro, retirando la atención del constante tirón de los estímulos externos. Es el puente entre las ramas externas y las internas: el momento en que la mirada deja de dispersarse hacia fuera y empieza a volverse hacia el interior. Sin este recogimiento, la concentración profunda es casi imposible.

6. Dharana — la concentración
Dharana es la concentración: sostener la atención en un solo punto, sin que se disperse. Es el entrenamiento que hace posible la meditación propiamente dicha. Cada vez que, al meditar, regresas suavemente tu atención a la respiración, estás cultivando dharana.
7. Dhyana — la meditación
Dhyana es la meditación en su sentido pleno: un flujo sostenido y sin esfuerzo de atención hacia el objeto de contemplación. Donde dharana era el esfuerzo por concentrarse, dhyana es la concentración que se ha vuelto natural y continua, como un aceite que se vierte sin interrupción.
8. Samadhi — la absorción
El octavo paso, samadhi, suele traducirse como «absorción» o «unión»: un estado de profunda integración de la conciencia. Aquí conviene la mayor prudencia. El samadhi no es una meta que se conquista con voluntad ni una experiencia que se pueda prometer o programar. Se nombra como horizonte de la tradición, con reverencia y sobriedad, sin convertirlo en un objetivo egoico ni en un espectáculo. Nombrarlo no es alcanzarlo; y buscarlo con avidez suele ser, precisamente, lo que aleja.
Dónde encaja el Kriya Yoga
Este mapa de ocho pasos es el marco clásico del yoga. ¿Dónde se sitúa el Kriya Yoga dentro de él?
El Kriya Yoga es una senda que integra estos principios y ofrece métodos internos —recibidos de un Maestro autorizado— orientados a profundizar sobre todo en las ramas interiores del camino. No sustituye la ética ni la disciplina de los primeros pasos; las presupone y las sostiene. Su enseñanza esencial no se aprende de un texto, sino que se recibe en el momento adecuado, dentro de una relación viva con un guía del linaje.
Por eso los ocho pasos y el Kriya Yoga no compiten: el mapa clásico ayuda a comprender el terreno; el Kriya ofrece un modo hondo y probado de recorrerlo, bajo guía.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa «ashtanga»?
Significa «ocho miembros» o «ocho ramas» en sánscrito (ashta, ocho; anga, miembro). Se refiere a los ocho pasos del yoga descritos por Patanjali en los Yoga Sutras.
¿Hay que dominar un paso antes de pasar al siguiente?
No en un sentido rígido. Aunque hay un orden de lo externo a lo interno, los ocho pasos se cultivan de forma entrelazada a lo largo de la vida, sosteniéndose entre sí.
¿El Kriya Yoga es lo mismo que el Ashtanga Yoga de Patanjali?
No son idénticos. El Ashtanga de Patanjali es el marco clásico de ocho pasos. El Kriya Yoga es una tradición viva que integra esos principios y ofrece métodos internos, recibidos de un Maestro, para profundizar en el camino.
Da el primer paso
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Los ocho pasos no son una carrera de obstáculos, sino un mapa amoroso del camino interior. Cada uno, cultivado con paciencia, prepara el terreno para el siguiente. Y todo empieza donde estás: con un poco más de verdad, un poco más de quietud.
Cierra tus ojos. Respira. Medita.
Con amor y humildad 🤲
Yogacharya Ray Baba
Kriya Yoga México